Arqueología
La arqueología de Villa de Mazo ofrece una ventana privilegiada al pasado aborigen de La Palma. En la época prehispánica, el municipio formaba parte del cantón de Tigalate, uno de los grandes territorios de los auaritas. Estaba gobernado por los jefes Juguiro y Garehagua, formidables guerreros que resistieron con determinación el avance de los conquistadores castellanos en el siglo XV. La llegada de las tropas de Alonso Fernández de Lugo desencadenó enfrentamientos que marcaron la historia local, y cuyos ecos aún resuenan en la memoria arqueológica del municipio.
Las investigaciones sitúan la llegada de los primeros pobladores en torno al primer milenio a. C., aunque no se descartan arribadas anteriores. Estos aborígenes de Mazo se organizaban en una sociedad donde la mujer desempeñaba un papel central, reconocida por su valentía y liderazgo. Su mundo espiritual estaba presidido por el dios Abora, y los ritos funerarios revelan una profunda creencia en la vida de ultratumba. En la Cueva de la Cucaracha se descubrió un cementerio con cuencos y gánigos como ofrendas, prueba del respeto que los auaritas mostraban hacia sus muertos.
La ganadería de cabras y ovejas constituía la base de su subsistencia, complementada con productos vegetales y marinos. De estos animales obtenían carne, leche y pieles que les servían para vestimenta y calzado. La organización del pastoreo seguía un patrón estacional: en invierno, los rebaños permanecían en la costa, mientras que en verano ascendían a zonas más altas en busca de pastos frescos.
El hábitat se estructuraba principalmente en cuevas naturales adaptadas como viviendas. Entre ellas sobresale la célebre Cueva de Belmaco, en el barranco del mismo nombre, considerada morada de los soberanos y uno de los yacimientos más emblemáticos de Canarias. A finales del siglo XIX, el investigador René Vernau describió Belmaco como un lugar bello y perfectamente habitable. Junto a ella, otras cuevas como las del Camello, Lázaro, Cabreros, Goteras, Roque de la Campana, Palomas, Pulidor o las de Niquiomo completan un amplio inventario de asentamientos, algunos de ellos con función sepulcral.
Además de las cuevas, se han identificado asentamientos al aire libre en enclaves costeros como el Roque de los Guerra, el Pocito o El Tributo. Allí pudieron levantarse cabañas con muros de piedra y techumbre vegetal, lo que demuestra la diversidad de soluciones habitacionales de los antiguos pobladores de la zona.
Hoy, los yacimientos arqueológicos de Villa de Mazo —con Belmaco como icono central— constituyen un auténtico tesoro patrimonial. Representan no solo un legado científico de enorme valor, sino también un recurso cultural y turístico que permite al visitante acercarse a la vida, creencias y costumbres de los antiguos habitantes de La Palma, haciendo de Mazo un destino imprescindible para quienes desean descubrir la historia viva de los primeros canarios.













