Viviendas tradicionales
En Villa de Mazo, la casa tradicional de campo es un símbolo de la historia cotidiana de La Palma. Construida con piedra volcánica, barro y madera de tea, suele ser de una planta, con muros gruesos y cubiertas de teja a dos o cuatro aguas que regulan muy bien la temperatura. La carpintería de tea, presente en puertas, ventanas y techumbres, refleja la influencia portuguesa que caracterizó buena parte de la arquitectura insular.
Los interiores eran sobrios pero acogedores, con suelos de madera, alacenas empotradas y mobiliario sencillo. La cocina, por lo general, se situaba en un cuerpo adosado o separado para reducir riesgos de incendio, y no era raro encontrar hornos tradicionales. En las viviendas de dos plantas, la parte baja se destinaba a almacén o cuadra, quedando la planta superior para la vida familiar.
A finales del siglo XIX comenzaron a incorporarse balcones de hierro, ventanas más elaboradas y pequeños detalles decorativos procedentes de Europa y América, que hoy conviven con la estructura tradicional. Lo que define especialmente estas casas en Mazo es su integración con el paisaje agrícola de medianías: asientan sobre laderas y se rodean de huertas, viñas y bancales de piedra.
Muchas han sido restauradas con respeto a los materiales originales para convertirse en alojamientos rurales, donde el visitante puede experimentar la tranquilidad del campo palmero: el aroma de la madera antigua, la calma de las noches altas y una vida marcada por el diálogo entre la casa, la tierra y el océano.
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