Patrimonio etnográfico - Villa de Mazo
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Patrimonio Etnográfico

 

A lo largo de todo el municipio de Villa de Mazo perviven edificaciones tradicionales, testigo mudos del esfuerzo de los residente para adaptarse al entorno y sacar el máximo provecho, de una forma duradera, de sus recursos. Unas muestras de resiliencia y sostenibilidad mucho antes de que se utilizaran estos vocábulos.

Viviendas tradicionales

 

En Villa de Mazo, la casa tradicional de campo es un símbolo de la historia cotidiana de La Palma. Construida con piedra volcánica, barro y madera de tea, suele ser de una planta, con muros gruesos y cubiertas de teja a dos o cuatro aguas que regulan muy bien la temperatura. La carpintería de tea, presente en puertas, ventanas y techumbres, refleja la influencia portuguesa que caracterizó buena parte de la arquitectura insular.

Los interiores eran sobrios pero acogedores, con suelos de madera, alacenas empotradas y mobiliario sencillo. La cocina, por lo general, se situaba en un cuerpo adosado o separado para reducir riesgos de incendio, y no era raro encontrar hornos tradicionales. En las viviendas de dos plantas, la parte baja se destinaba a almacén o cuadra, quedando la planta superior para la vida familiar.

A finales del siglo XIX comenzaron a incorporarse balcones de hierro, ventanas más elaboradas y pequeños detalles decorativos procedentes de Europa y América, que hoy conviven con la estructura tradicional. Lo que define especialmente estas casas en Mazo es su integración con el paisaje agrícola de medianías: asientan sobre laderas y se rodean de huertas, viñas y bancales de piedra.

Muchas han sido restauradas con respeto a los materiales originales para convertirse en alojamientos rurales, donde el visitante puede experimentar la tranquilidad del campo palmero: el aroma de la madera antigua, la calma de las noches altas y una vida marcada por el diálogo entre la casa, la tierra y el océano.

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Casas tradicionales
Casas tradicionales

Maretas

 

Estos recintos se sitúan en primera línea de costa, en zonas como Las Maretas, La Bajita, Las Salemeras y El Poris.
Eran espacios donde las familias mareteras, desplazadas a la costa durante el verano, tostaban, endulzaban y secaban los chochos (altramuces, legumbres, semillas comestibles de la planta del Lupinus, familia de las Fabaceae) que los campesinos les entregaban; disponían de viviendas sencillas, fogones, pozos de agua filtrada y secaderos orientados al sur para aprovechar el sol y esquivar la maresía.
Tras tostar el grano con fuego de leña, se remojaba una semana en los pozos y luego se extendía en los secaderos, removiéndolo varias veces al día durante cuatro o cinco días; una vez seco, se llevaba al molino para convertirlo en gofio.

Charcos de Lino y Chochos del Porís

Hornos

 

Pequeñas construcciones de planta cuadrada con cúpula redondeada, apertura y chimenea, hechas con piedra, barro y cal.
Se usaban para secar higos y tunos cuando el sol no era suficiente, calentándolos lentamente con brasas.

Otros hornos, normalmente más cercanos a las viviendas, se utilizaban para el pan.
Se conservan sobre todo en el sur (Malpaíses, Tiguerorte, Tigalate y Montes de Luna); muchos están en ruinas y otros restaurados.

Horno

Aljibes

 

Pequeñas cisternas excavadas en la roca, revestidas de cal y barro, que recogían el agua de lluvia a través de canales desde tejados, patios o caminos y se sitúan junto a viviendas o bodegas.
Servían para abastecer a las familias y regar pequeños cultivos; son abundantes en la zona sur, donde llueve menos.
Aún se encuentran muchos, algunos en uso y otros abandonados, con brocales, baldes y tendidos de madera.

Aljibe

Terrazgos

 

Bancales agrícolas que nivelan las pendientes y retienen el suelo mediante muros de piedra seca para poder cultivar en laderas.
Se encuentran por todo el municipio, desde la costa hasta las medianías, y demuestran el gran esfuerzo humano para aprovechar los malpaíses.
Aunque muchos están abandonados desde los años 60, conforman el paisaje rural junto a caminos y muros tradicionales.

Terrazgos

Molinos

 

Los molinos se construyeron con la finalidad de moler los cereales que se cultivaban en el pueblo para hacer gofio, con la fuerza motriz del viento. Algunos de los molinos posteriormente incorporaron motores perdiendo así su dependencia del viento. En la actualidad los edificios que permanecen en pie poseen otros usos.

Es el caso del Molino de Monte Pueblo ha sido restaurado y se conserva en buen estado. Albergaba un centro de recreación de cerámica aborigen.

Por otro lado, en el molino de Pérez Guerra existió hasta hace poco una destilería de aguardiente.

El resto de los molinos están peor conservados, quedando tan solo parte del armazón del de Pérez Guerra y tan solo algunas piedras y engranajes del de Mateo Yanes.

Existen datos de la presencia de otros molinos que fueron destruidos para la construcción de viviendas.

El molino
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